La época de las grandes exploraciones hace tiempo que terminó, y el ser humano empezó a mirar hacia el espacio, la última frontera. Pero lo cierto es que aún quedan lugares en el planeta Tierra que todavía no se han explorado a fondo. Todavía hoy quedan cuatro rincones recónditos de nuestro hogar por estudiar. ¡Acompáñanos en este viaje Ruteon hacia lo desconocido!

1. La selva del Amazonas

Aunque el ser humano lleva habitando el Amazonas desde que llegó a aquella región, hace unos 10.000 años, hay regiones en las que ni siquiera los nativos han osado adentrarse. Es tal la frondosidad de la selva que es prácticamente imposible de atravesar, mucho menos sobrevivir en ella.

Gran parte de la selva amazónica ha sido explorada y cartografiada, pero es tal su inmensidad que a día de hoy hay zonas que solo hemos visto por satélite. Los misterios del Amazonas son abrumadores, más aún en estas regiones que todavía no se han explorado.

Podría decirse que quedan cuatro grandes áreas de la Amazonía por explorar:

  • Las zonas fronterizas: aunque la Selva Amazónica se encuentra principalmente en Brasil, trasciende sus fronteras. El gigante sudamericano linda con todos los países del continente, salvo Chile y Ecuador, y la selva la comparte con varios de ellos, en especial Bolivia, Perú, Colombia y Venezuela. Fuera de los pasos fronterizos es raro encontrar signos de civilización, y la línea que divide estos países es o bien una raya recta, o bien el cauce de un río. Y el área que rodea a estas zonas suele estar inexplorado, por carecer de interés más allá del científico.
  • Grandes áreas remotas de Brasil: es en este país donde se encuentra la mayor parte de la Selva Amazónica, por lo que es lógico que en él se encuentren grandes áreas todavía por explorar. Hay que tener en cuenta, además, que conforme nos alejamos de la costa y nos adentramos en el interior de Brasil, la densidad de población disminuye más y más, con la única excepción de Manaos, el gran núcleo poblacional del Amazonas (y prácticamente el único que puede considerarse como una ciudad).
  • Las reservas naturales: que no haya interés económico en la región, dentro de la legalidad, no quiere decir que esas áreas selváticas se hayan abandonado, administrativamente hablando. Los países con porciones de la selva del Amazonas han delimitado grandes áreas como reservas naturales, en las que apenas hay asentamientos y en los que no se pueden desarrollar las actividades que amenazan a este ecosistema (principalmente, la tala y la ganadería). Son zonas especialmente protegidas en las que apenas ha puesto el pie el hombre moderno, y muchas de ellas están literalmente por explorar.
  • Los territorios indígenas aislados: los nativos, en su mayoría, han sido o bien asimilados, o bien recluidos en reservas. Pero también hay indígenas que viven fuera de la sociedad moderna, aislados en el corazón de la selva. Son un estado dentro del estado, al que el hombre blanco no debe acceder, no solo por preservar un estilo de vida llamado a desaparecer, sino también por su propia seguridad: muchos de estos indígenas no solo no han sido contactados, sino que no quieren serlo, y responden con agresividad a las visitas del exterior.

La exploración de estas regiones debe realizarse con cuidado, respetando tanto el medio ambiente como las culturas locales, y con una comprensión clara de los riesgos y desafíos involucrados. La preservación de estas áreas inexploradas es vital para la salud del ecosistema global, la biodiversidad amazónica y la diversidad cultural.

Selva amazónica

El Amazonas, el pulmón de la Tierra y uno de sus últimos rincones por explorar. Foto: David Riaño Cortés

2. Las zonas polares

La exploración polar no terminó con las expediciones de Roald Amundsen a ambos polos en las primeras décadas del Siglo XX. Aquello fue poco menos que llegar, clavar una bandera y volver. Cierto que fueron expediciones penosas (sobre todo la Expedición Amundsen al Polo Sur de 1911, quien le ganó la carrera al Polo a la Expedición Terra Nova de Robert Scott por apenas unos días), aventuras polares con un gran valor científico, pero se trata de territorios vastísimos que apenas se han explorado.

Aquí hay que distinguir entre el Polo Sur, situado sobre un gran continente helado, la Antártida, y el Polo Norte, el cual se encuentra sobre el menguante casquete polar del Océano Ártico. Por eso, mientras el Polo Sur (geográfico) estará siempre en el mismo sitio, el Polo Norte se irá moviendo con la capa de hielo, regenerándose constantemente. Por eso, colocar una bandera en el Polo Norte es un esfuerzo fútil: en unas semanas se habrá movido decenas, cientos de kilómetros en cualquier dirección.

Y por eso mismo el Polo Norte está tan poco explorado: no hay absolutamente nada que sirva de referencia una vez se abandona la plataforma continental. La Antártida al menos tiene montañas y accidentes geográficos que, salvo que la nieve los sepulte, ahí seguirán por los siglos de los siglos.

Una aurora boreal sobre un paisaje polar

Explorar los polos, un reto por cumplir para el ser humano. Foto: Noel Bauza

3. La Isla de Nueva Guinea

Aunque se trate de la segunda mayor isla del planeta Tierra (solo por detrás de Groenlandia, y si entendemos que la de Australia es un continente en sí misma), y que lleva habitada desde hace al menos 20.000 años, para Occidente se trata de un gigante prácticamente desconocido.

El hombre blanco llegó a Nueva Guinea a comienzos del Siglo XVI, pero, como era habitual en la Era de los Descubrimientos, los portugueses, neerlandeses e ingleses apenas se adentraron tierra adentro. Los motivos fueron varios: el terreno es hostil, pues se trata de una selva impenetrable que recorre interminables cadenas montañosas; está poblada, además, por un pueblo especialmente violento con los extraños, los papúes; y, para, colmo, las enfermedades endémicas terminaron por quitar las ganas al hombre blanco de explorar más allá de prácticamente donde les llegaba la vista.

Eso no evitó que en el Siglo XIX se repartieran la isla entre Países Bajos, Reino Unido y Alemania. En la actualidad, la isla está dividida en dos países: la mitad oriental pertenece a Indonesia, mientras que la occidental es un país independiente, Papúa Nueva Guinea.

Los problemas que desincentivaron su exploración persisten hoy en día. Hay tribus que nos son totalmente desconocidas, tan exóticas que los rumores sobre sus excentricidades son habituales, siendo el más común las acusaciones de canibalismo. Y, a la vez, ese aislamiento ha permitido que esta isla tenga una de la biodiversidad más grande de la Tierra.

Islotes de la isla de Nueva Guinea

Nueva Guinea es un paraíso, pero también puede ser un infierno. Foto: Ditras Family

4. El fondo de los océanos

Cuando el ser humano coronó las grandes cimas buscó nuevos retos, y miró al fondo oceánico. La exploración oceánica nos ha permitido llegar a las fosas más profundas, como la de las Marianas, pero se trata de un territorio tan hostil que es prácticamente imposible para nosotros explorarlo.

Los misterios del océano profundo nos fascinan (en Ruteon ya os hablamos del esquivo magnápinna), porque apenas hemos podido recorrerlos. Y no hay que irse al fondo del mar más profundo para encontrar secretos desconocidos: el lecho marino de las zonas costeras a veces revela tesoros olvidados, ciudades que el mar reclamó para sí: ¿quién no ha oído hablar del mito de la Atlántida?

Por supuesto, cuanto más nos alejamos de la costa, de la plataforma continental, y más nos adentramos en alta mar, menos sabemos del fondo marino. Sí, sabemos que hay cordilleras oceánicas, que forman una orografía similar a la que hay en tierra firme, porque, en el fondo, forma parte de la misma corteza terrestre. De hecho, hay regiones que, millones de años atrás, estuvieron por encima del nivel del mar: esas montañas sumergidas antaño pudieron ser los puntos de referencia para los seres vivos de la superficie.

El fondo marino, con los rayos del sol desvanecíendose conforme llegan al fondo

El fondo del mar, tan próximo y tan desconocido a la vez. Foto: Jeremy Bishop

En esta era donde parece que todo está al alcance de un clic, aún quedan rincones misteriosos en nuestro planeta esperando ser descubiertos. Desde las profundidades ocultas de los océanos hasta las selvas vírgenes del Amazonas, estas últimas fronteras inexploradas nos llaman a vivir aventuras genuinas y a recordar que, en el mundo de Ruteon, siempre hay un nuevo horizonte por explorar. ¡Prepara tu equipo, la aventura te espera!

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