En el corazón del Himalaya pakistaní, Fairy Meadows revela su esplendor. Este santuario natural, con vistas al imponente Nanga Parbat, promete a los aventureros una experiencia única de trekking y conexión con la naturaleza. Descubre este paraíso oculto de la mano de Ruteon.

Historia de Fairy Meadows

Si no has oído hablar de Fairy Meadows, estás de enhorabuena: vas a conocer uno de los lugares más bellos del planeta Tierra. Su naturaleza imponente es sobrecogedora, y llegar allí es la primera aventura que vivirás si lo visitas. Y no, no es porque se encuentre enclavado en el corazón del Himalaya pakistaní: alcanzar este paraíso de montaña es realmente exigente, pero la recompensa vale el esfuerzo.

Los locales conocen este paraje como Joot, pero es mucho más conocido por el sobrenombre que le dieron los montañeros alemanes que lo “descubrieron” para Occidente: las praderas de cuento de hadas o, en inglés, Fairy Meadows. Se trata de una región muy apartada, tanto, que no ha sido hasta su popularización entre aventureros y montañeros cuando ha empezado a tener cierta relevancia.

La región, no obstante, ha estado habitada desde tiempos inmemoriales. Su economía se basaba esencialmente en la industria maderera, gracias a los frondosos bosques de coníferas que pueblan la zona. Pero desde que el gobierno pakistaní lo declaró Parque Nacional, la tala cesó. Y su hueco lo ocupó el turismo.

Llegar a Fairy Meadows, la primera aventura

La pradera hace las veces de pre-campamento base para ascender al Nanga Parbat, el imponente pico que domina el horizonte de Fairy Meadows. Se trata de la novena cima más alta del planeta, con más de 8.000 metros de altitud, y la segunda más alta de Pakistán, solo por detrás del K-2, con la que comparte cordillera (el Karakórum) y una endiablada dificultad para ser escalada.

Fairy Meadows se encuentra a unos 250 kilómetros de Islamabad, la capital pakistaní, pero para llegar a tan anhelada pradera se vive una auténtica odisea. El trayecto por carretera, en el mejor de los casos, implica recorrer más del doble de kilómetros, y llevará no menos de 12 horas. Y eso solo el tramo asfaltado.

La carretera serpentea junto al Indo, bordeando abrumadores acantilados sin protección alguna para los temerarios conductores que cada día la transitan. Hay que continuarla hasta casi alcanzar el puente Raikot, antes de donde el milenario Indo bebe las aguas del río que da nombre a tal paso. Ahí la carretera debe dejar de ser llamada así, porque pasa a ser un camino de piedra, y la aventura se torna épica.

El camino asciende pegado al valle del Raikot, serpenteando por la ladera del acantilado para salvar los vertiginosos desniveles a los que se enfrenta. Son apenas 15 kilómetros, pero te garantizamos que los pasarás con el corazón a punto de escaparte del pecho. Hasta que llega el momento en el que el camino desaparece. Se esfuma. No hay más. Toca seguir a pie, por el valle glaciar del Raikot, un último esfuerzo hasta alcanzar la pradera, y, tras ella, la majestuosidad del Karakórum.

Un jeep avanza por el camino de piedra junto al acantilado del valle glacial del Raikot, camino de Fairy Meadows, en el Karakórum pakistaní

Llegar a un paraje de cuento de hadas tiene un precio. Foto: Rameez Javed

¿Qué hacer en Fairy Meadows?

Ya has llegado a tu destino. Y ahora, ¿qué?, te preguntarás. Ahora toca disfrutar de un paraje sin igual, de los que quitan el aliento, y no solo por estar a unos 3.000 metros de altitud. Fairy Meadows ofrece mucho que hacer al viajero aventurero.

Lo primero, la famosa ruta de trekking que ya has atravesado para alcanzar la pradera, pero no es la única. Es un destino muy popular entre los montañeros, porque ofrece muchas rutas, todas con un nivel de exigencia bastante notable.

También es un lugar que se presta a ser inmortalizado. Sus paisajes son de obligada fotografía, y si los reportajes de naturaleza son lo tuyo, seguramente encuentres sobrada inspiración para capturar uno nuevo, con el añadido de que, aunque el turismo haya empezado a hacer mella, todavía es una zona bastante virgen y con nativos cuya cultura conocer y documentar.

Acampar en Fairy Meadows: la conexión definitiva

Aunque esté en medio de ninguna parte, Fairy Meadows ofrece alternativas de alojamiento. Los alojamientos en cabañas han proliferado, pero también puedes acampar. Eso sí, al ser un paraje natural protegido, solo podrás hacerlo en una parcela, realmente amplia, todo sea dicho, denominada Raikot Sarai.

Dada su popularidad y fragilidad ecológica, existen preocupaciones sobre la sostenibilidad del turismo en Fairy Meadows. Los esfuerzos de conservación y las prácticas responsables de turismo son fundamentales para preservar su belleza natural.

¿Cuándo visitar Fairy Meadows?

La temporada turística va de abril a septiembre. Intentar acceder a la zona en otra época del año es altamente desaconsejable. Prueba de ello es que el Nanga Parbat no ha podido ser coronado en invierno hasta hace bien poco, cuando en 2016 el alpinista español Alex Txikon, acompañado del pakistaní Ali Sadpara y el italiano Simone Moro, coronaron una de las cimas con mayor siniestralidad del planeta.

Pero es que incluso en primavera y verano el camino hasta Fairy Meadows es letal. La carretera del glaciar Raikot es terrible, y los accidentes son tristemente habituales. Y la caminata a pie hasta la pradera es extenuante. Puede ser un destino turístico de moda, pero no es para el aventurero inexperto, ni mucho menos.

Una estampa invernal, con el suelo nevado, de Fairy Meadows, cerca del campamento base de ascenso al Nanga Parbat, en el Karakórum pakistaní

Fairy Meadows es sencillamente sobrecogedor. Foto: Waqas Afzal

Fairy Meadows no es solo un destino; es una invitación a la aventura pura. Entre picos majestuosos y paisajes de ensueño, cada paso aquí es un recuerdo inolvidable. Atrévete a explorar esta joya del Himalaya y deja que la magnificencia de la naturaleza te inspire.

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