Alejandro Magno no solo conquistó gran parte del mundo conocido para los griegos, sino que tuvo una especial obsesión por dejar su huella en él, fundando multitud de ciudades, allá donde sus campañas le llevaban. Y, aunque parezca mentira, a día de hoy siguen redescubriéndose nuevas “Alejandrías”, las ciudades perdidas de Alejandro Magno. El explorador Miguel Gutiérrez Garitano ha dado con ocho nuevas en el Punjab, en continuación de su exitosa expedición de 2021.

Un breve repaso a la historia detrás del mito de Alejandro

Hablar de Alejandro Magno es hablar del que posiblemente sea el más importante militar de la Antigüedad, algo indiscutible incluso si consideramos que los cimientos para su conquista mundial (y entiéndase “mundial” por el mundo conocido por los helenos en el Siglo IV aEC.) los puso su padre, Filipo II de Macedonia.

En solo década y media puso patas arriba el orden de poderes de aquel entonces. Pasó de rey de Macedonia a ‘hegemón’ de Grecia (por aquel entonces, todavía dividida en multitud de pequeños reinos y ciudades-estado), y de ahí a conquistar Egipto y el Imperio Persa, aquel reino que había puesto contras las cuerdas a los helenos décadas atrás y que Alejandro hizo caer en un abrir y cerrar de ojos con apenas tres batallas: Gránico, Issos y Gaugamela.

Pero Alejandro, como Aquiles, quería más: quería la inmortalidad que solo da la gloria. Y presionó a su ejército para aventurarse más allá, hacia los actuales Afganistán, Pakistán y el norte de India. Hasta que a orillas del río Hidaspes (hoy, Jhelum, a unos 300 kilómetros del hipnotizante Fairy Meadows) cosechó su última victoria. Venció a Poros, rey de Paura, pero hubo de poner fin a su expansionismo.

Sus soldados, agotados tras una campaña ininterrumpida de casi diez años, obligaron a Alejandro a poner fin a su conquista de la India. Querían volver a casa, porque, ¿de qué sirve la gloria en vida si no la puedes disfrutar con los tuyos? Alejandro accedió, y dedicó sus últimos años a administrar su inabarcable imperio.

Pintura romántica de Jean-Simon Berthélemy que representa a Alejandro Magno durante el episodio del Nudo Gordiano

La figura de Alejandro Magno es de las más representadas de la Historia. Jean-Simon Berthélemy

Ocaso, muerte y legado de Alejandro Magno

No se podía imaginar Alejandro que apenas le restaban tres años de vida, claro. La penosa vuelta por el desierto iraní hacia Macedonia le pasó factura, y su obsesión por crear una única cultura, fusionando lo griego y lo persa, le distanció irremediablemente de muchos de sus generales (y como prueba tenemos el asesinato de Clito, “el Negro”, a manos del propio Alejandro), y de su tropa.

En junio del año 323 aEC, Alejandro Magno falleció, en circunstancias todavía hoy sin resolver, en el Palacio de Nabucodonosor, en Babilonia. ¿Envenenado? ¿Por enfermedad? Ni lo sabemos ni lo sabremos nunca, pero sin haber cumplido 33 años exhaló su último aliento este genio militar de la Antigüedad. Y dejó inacabada su gran obra: un imperio aún más grande, que abarcase todo el Mediterráneo y llegase a la India.

Pero su legado, tan criticado por sus generales, pervivió. La influencia del mundo oriental (de Asia Menor y Asia Central) en Grecia dio paso al periodo helenístico, y su obsesión por colonizar el mundo conocido nos ha dejado una inmensa cantidad de ciudades fundadas por él o en su honor. La más famosa, la Alejandría de Egipto, pero no fue la primera: Alejandría de Issos (o como es más conocida en castellano, Alejandreta), fue fundada dos años antes.

Se conocen unas setenta ciudades fundadas o renombradas por Alejandro Magno, entre las que destacan la ya mentada Alejandría de Egipto, Alejandría Última, en Tayikistán, o Alejandría Bucéfala, nombrada así en honor de su fiel caballo de batalla, quien le acompañó durante toda su campaña hasta que cayó en combate en el Hidaspes.

El explorador Miguel Gutiérrez Garitano, a orillas del río Jhelum, durante su expedición al Pujab en busca de las ciudades perdidas de Alejandro Magno

El Jhelum, Hidaspes para los antiguos griegos, fue la única barrera que conoció Alejandro. Foto: Miguel Gutiérrez Garitano (instagram: @gutierrezgaritano)

Las ciudades perdidas de Alejandro Magno

Algunas “Alejandrías” han sobrevivido hasta el presente. Otras, un buen puñado de siglos, lo que nos ha permitido localizarlas de manera relativamente sencilla. Pero otras es como si se las hubiera tragado la Historia.

Es el caso de Bucéfala, la cual es posible que haya sido redescubierta gracias a los esfuerzos de Miguel Gutiérrez Garitano, durante su expedición “Pakistán 2021: tras la tumba de Bucéfalo”. Aventura que ha tenido su continuación durante 2023, en busca de más ciudades perdidas fundadas por el legendario héroe macedonio.

Esta, denominada “Punjab: tras las huellas de Alejandro Magno”, llevó a nuestro explorador al norte de la India, a las faldas del Himalaya, y ha sido todo un éxito. Ha documentado ocho poblaciones que posiblemente sean de época alejandrina, de las cuales únicamente dos eran conocidas a través de fuentes escritas.

En este viaje, Miguel ha peinado de manera exhaustiva el río que los griegos llamaron Hidaspes, Vitasta los hindúes y que hoy conocemos como Jhelum, en busca de más “Alejandrías”, tratando de emular su propio éxito con Bucéfala y Nicaea.

Sin embargo, esto es solo un primer paso. Apenas se ha arañado la superficie, pues no basta con decir “ahí está Alejandría”. Encontrar el yacimiento es necesario, fundamental, pero su estudio, análisis, evaluación y preservación también lo son, para que no vuelva a caer en la penumbra de la Historia. Y este es un trabajo largo y penoso, mucho menos lustroso y aún peor agradecido.

El explorador Miguel Gutiérrez Garitano, posa para la cámara subido a un muro de piedra, durante su expedición al Pujab en busca de las ciudades perdidas de Alejandro Magno

De las ocho poblaciones documentadas por Miguel, solo de dos teníamos constancia por las fuentes. Foto: Miguel Gutiérrez Garitano (instagram: @gutierrezgaritano)

¿Quién no ha soñado alguna vez con emular a Alejandro Magno y adentrarse en lo desconocido para grabar tu nombre en la Historia? Pocas cosas deben ser tan satisfactorias como poder decir “aquí está”, tras dedicar años de tu vida a tratar de encontrar los restos de una ciudad perdida en el tiempo. Y eso es lo que ha logrado Miguel no una, sino al menos diez veces. Sin duda, puro espíritu Ruteon. ¡Enhorabuena!

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