Del Bierzo a Oriente; Egeria, la primera viajera de la historia

por | Nov 30, 2021

Egeria -o Etheria- , fue posiblemente la primera exploradora por motu proprio de toda la historia. Desde las antiguas tierras gallegas hasta los ‘Lugares Santos’ de Oriente, esta mujer que vivió hace más 1 600 años recorrió más de 5 000 km a pié por pura curiosidad. Y aunque hasta ahora no habían datos concretos, son muchos los que coinciden en que estamos frente a la primera viajera de la historia. Fue española y su Itinerarium que podríamos extrapolar a las actuales guías de viaje, se encuentra disponible en las librerías de literatura antigua más reconocidas. 

De hecho, a modo de homenaje Alemania lanzó en 2005 el ‘proyecto Egeria’, una iniciativa que consiste en visitar una vez al año un de los ‘Lugares Santos’ y países que la viajera gallega ya visitó en el año 380 d.C. Sin embargo, hasta hace un tiempo las incógnitas sobre esta adelantada a su tiempo llenaban los libros de literatura viajera, ¿de dónde era exactamente? ¿por qué la necesidad de recorrer a pié tal distancia?

No es ningún secreto que las facilidades para que una mujer pudiera moverse libremente en aquellos tiempos eran muy limitadas. Incluso a día de hoy en ciertos países sigue estando prohibido por ley que una mujer pueda moverse sin la compañía de un hombre. Pero como hemos dicho, Egeria era una adelantada a su época. En las lecturas que el filólogo francés Mario Ferotín descifró del ermitaño del siglo VII, Valerio del Bierzo, se trataba de una curiosa cristiana acomodada económicamente que buscaba respuestas en aquellos lugares en los que Jesús puso supuestamente un día sus pies. También existía una clara influencia de Elena, mujer del antiguo emperador de Constantinopla, a quien sus creencias le llevaron a viajar hasta Jerusalén para desenterrar el Gólgota la Santa Cruz, lugar donde ahora se alza la famosa Iglesia del Santo Sepulcro.

Monasterio de San Pedro de Montes (s. VII-XVIII)

Las escrituras del monje Valerio hablaban de una intrépida mujer que buscaba seguir los pasos de su ‘creador’ a pié desde tierras gallegas. Según este Itinerarium, Egeria viajaría por la Vía Domitia desde España hasta Francia, y de allí hasta el norte de Italia, en donde se subiría a un navío que le llevaría hasta Constantinopla (la actual Estambul). En los escritos se describen las ajetreadas calles de la que llegó a ser conocida como la ‘Nueva Roma’, atravesadas por la peregrina aristócrata a lomos de una carroza.

En el actual distrito de Kadikoy, antiguamente Calcedonia, que tanto hoy en día como hace casi 1700 años era y es una de las zonas más concurridas de la capital turca, la viajera gallega llegaba al principio del fin; debería atravesar los montes Tauro para comenzar a saborear los tan esperados ‘Santos Lugares’. Unas ciudades que en su momento acumulaban más de 500 mil habitantes y que eran de todo, menos seguras. No obstante, su historia navegó hasta los lugares más recónditos para que una vez allí fuera recibida con los máximos honores por las autoridades eclesiásticas. 

En su itinerario cristiano pasó por Siria, Jerusalem y Egipto, en donde a las orillas del río Nilo visitó a los emblemáticos y primeros monjes ermitaños de la ‘Tebaida’. Un aislamiento que más tarde inspiraría al propio Valerio de Bierzo, quien como hemos comentado, fue uno de los mayores admiradores de Egeria, y que más tarde crearía su propia Teba para aislarse en el Valle del Silencio Berciano

Monte del Sinaí (Egipto)

Esa curiosidad infinita en una mujer con una valentía impropia en cualquier ser humano de su tiempo, le llevo a escalar uno de los montes más emblemáticos de La Biblia; el monte Sinaí. Un pico con 2285 m de altura situado al sur de la península egipcia del Sinaí, y en donde supuestamente Moisés recibió los Diez Mandamientos.

Tras cuatro años de peregrinaje, la considerada primera ‘monja’ de la historia recorrió un itinerario que en la actualidad parece inconcebible. Lo que es seguro, es que las escrituras de sus más implicados admiradores muestran cómo ni siquiera un contexto histórico adverso pudo con aquella mujer que nació con la incesante necesidad de descubrir.

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